Hablar con
las plantas
el lenguaje
anónimo de la vida
hablarles de
igual a igual
en voz alta
hasta dejar
de tomarme tan en serio
hasta perder
el sentido de la importancia…
Salirme del
camino
donde tantas
veces fui atropellado
bajo mi
entera responsabilidad
hacerme tan leve
como la más
leve de las plumas
tocar el
mundo con ternura sutil, sin desangrarlo
hasta acariciar
las fibras del aire
hasta
alejarme raudamente
casi sin
huellas…
Insistir un
poco menos
con mi
opinión y conmigo mismo
para que la
realidad emerja desaprendida
sin ninguna
descripción
como el
crepúsculo de un sueño
dejarla que se
manifieste incomprensible
sin verdades
ni mentiras
con su
clamor esencial
con su pavor
de infinito…
Sentir mi
muerte
sentada en
alguna silla vacía
que espera
por mi
sentirla en el
asombro
sentirla en
la gratitud
que impregna
cada uno de mis actos
sabiendo que
bien podría tratarse
de mi último
acto sobre la tierra…
Ya nada será
lo mismo
de regreso a
Ixtlán.
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