Nubes de
migraña
invaden la
ciudad
(parece que
una gárgola
adicta al
sushi
aceptó el
soborno…)
Mientras
tanto
a la sombra
de las murallas
un robot
reluciente
escupe cápsulas
rojas
que son el
orgullo de la compañía
y hace
brillar los leds
de la sonrisa indulgente
que distrae
la avenida…
¡Callen
todas las alarmas!
No hay por
qué temer
en menos de
una hora
el milagro
estará hecho
sus cabezas
volverán a correr
a la
velocidad de mil megas
y otra vez
arriba
y otra vez arriba…
y otra vez arriba…
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